El cáncer colorrectal es un tipo de tumor que se desarrolla en el colon o en el recto, es decir, en la parte final del intestino grueso. Es actualmente la neoplasia maligna más frecuente en España y se estima que en 2026 será el cáncer con mayor número de nuevos diagnósticos, con alrededor de 44.132 casos (17.655 en hombres y 17.349 en mujeres).
Si analizamos los datos por sexos, en los hombres solamente el cáncer de próstata presenta una incidencia mayor, mientras que en las mujeres queda por detrás del cáncer de mama.
Además, representa una causa muy relevante de mortalidad. En 2024, 10.424 fallecidos en España por esta causa. En hombres fue el segundo tumor con más fallecimientos en hombres —solo superado por el cáncer de pulmón. En mujeres, ocupó el tercer lugar como causa de muerte por cáncer, después del cáncer de mama y de pulmón.
A pesar de estas cifras, hay un dato muy positivo: cuando se detecta en fases iniciales, el cáncer colorrectal puede curarse en hasta el 90% de los casos. Por este motivo, la prevención y el diagnóstico precoz son herramientas esenciales para reducir tanto su aparición como su impacto en la salud.
La probabilidad de desarrollar cáncer de colon se incrementa de forma notable a partir de los 50 años. Asimismo, haber tenido previamente otros tumores o padecer enfermedades inflamatorias crónicas del intestino, como la colitis ulcerosa o la Enfermedad de Crohn, eleva el riesgo. Algunas patologías hereditarias provocan la aparición de numerosos pólipos en el colon también pueden predisponer al cáncer colorrectal.
Una parte importante del riesgo de desarrollar cáncer colorrectal puede reducirse adoptando hábitos de vida saludables. Mantener una alimentación baja en grasas, limitar el consumo de carnes rojas, muy tostadas o expuestas directamente al fuego, y evitar las carnes procesadas contribuye a disminuir la probabilidad de aparición de este cáncer.
Por el contrario, seguir una dieta rica en fibra, fruta, legumbres y verduras, junto con la práctica regular de ejercicio físico y el control del peso, es beneficioso. También es fundamental no fumar y consumir alcohol solo de forma moderada.
El programa de cribado poblacional para la prevención y detección precoz del cáncer colorrectal se realiza mediante la detección de sangre oculta en heces (SOH). El test de SOH es una prueba sencilla, cómoda y no invasiva que se realiza en casa, con una recogida de muestra fácil y rápida. Esta prueba permite identificar pequeñas cantidades de sangre no visibles a simple vista. Si el resultado es positivo, se recomienda realizar una colonoscopia y, en caso necesario, detectar y tratar pólipos o lesiones precancerosas, reduciendo así el riesgo de desarrollar cáncer.
Puedes consultar más información sobre el cáncer colorrectal en la página web de la FEAD
Los pólipos de colon son pequeñas formaciones que aparecen sobresaliendo de la superficie interna del intestino grueso. Pueden tener distintos tamaños (habitualmente de pocos milímetros) y distintas formas: algunos son planos, otros sobresalen ligeramente y otros presentan un tallo que los une a la mucosa, adoptando una apariencia similar a pequeños “champiñones”; estos últimos se conocen como pólipos pediculados.
En ciertos casos, pueden formarse numerosos pólipos a lo largo del colon, llegando incluso a contarse por cientos. Cuando esto ocurre, se considera dentro de un grupo de trastornos denominado poliposis.
Los pólipos son relevantes porque algunos de ellos pueden contener células con cambios precancerosos. Aproximadamente el 60–70% de los pólipos colorrectales son adenomas con potencial de malignización, mientras que el resto (como los pólipos hiperplásicos, inflamatorios) generalmente no presentan riesgo significativo de progresión a cáncer.
Por lo tanto, con el paso del tiempo, estos pólipos adenomatosos pueden evolucionar y transformarse en un cáncer de colon. Por eso es tan importante extirparlos cuando aún son pequeños: eliminar un pólipo de pocos milímetros puede impedir que termine convirtiéndose en un tumor. En la mayoría de los casos, por tanto, se consideran lesiones con potencial para desarrollar cáncer si no se tratan.
La gran mayoría de los pólipos no causan ningún síntoma debido a su reducido tamaño. Cuando crecen, su superficie puede irritarse o erosionarse, dando lugar a pequeñas pérdidas de sangre, que pueden reflejarse como sangrado en las heces o causar anemia por pérdidas mínimas que solo se detectan mediante un análisis de heces, es decir, mediante la sangre oculta en heces (SOH). Solo en casos excepcionales, cuando alcanzan un gran tamaño, pueden llegar a provocar obstrucciones del intestino grueso.
El método más eficaz para identificar pólipos en la actualidad es la colonoscopia. Esta técnica permite ver directamente el interior del colon, localizar pólipos muy pequeños o planos y, en la mayoría de los casos, eliminarlos durante la misma exploración, el riesgo de padecer cáncer de colon.
Para que la colonoscopia sea precisa, es fundamental realizar adecuadamente la dieta previa y la limpieza del colon, ya que una preparación deficiente puede impedir ver bien las lesiones.
Existen también otras técnicas diagnósticas, como el enema opaco (una radiografía del abdomen utilizando contraste introducido por vía rectal) la colonoscopia virtual, que consiste en un estudio mediante tomografía computarizada (escáner) con reconstrucción digital del colon o la cápsula endoscópica colónica que es un dispositivo con cámaras para la visualización del colon. Aunque estas pruebas tienen indicaciones específicas, y pueden detectar pólipos, si se encuentra alguno, su médico puede indicar una colonoscopia para extirparlos.
La mayoría de los pólipos pueden eliminarse durante la colonoscopia con el uso de instrumentos específicos, como pinzas o asas muy finas que se introducen a través de canales del tubo con el que se realiza la exploración llamado colonoscopio. Este procedimiento se denomina polipectomía endoscópica.
Cuando se trata de pólipos más grandes o con características especiales, pueden emplearse técnicas avanzadas como la resección mucosa o la disección endoscópica submucosa, que permiten retirarlos sin recurrir a cirugía. Esta última técnica, es un poco más laboriosa y requiere más tiempo de exploración, y se realiza en centros con endoscopistas de técnicas avanzadas.
En los casos en los que el tamaño o la localización del pólipo no permiten la extracción por endoscopia, es necesario realizar una intervención quirúrgica para retirar el segmento del colon donde se encuentra.
Todos los pólipos extirpados deben enviarse al análisis microscópico para conocer su naturaleza, comprobar si presentan algún tipo de anomalía y determinar su extensión.
Puedes consultar más información sobre el cáncer colorrectal en la página web de la FEAD
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